Siempre he comparado el sistema nervioso, la adaptación y los procesos de vida con una partida de Tetris.
En ese juego, las fichas van cayendo una tras otra. Para mí, cada ficha representa una experiencia.
Cuando el sistema nervioso se encuentra en un proceso de equilibrio, tenemos mayor capacidad para observar lo que ocurre, pensar con claridad y colocar cada experiencia en su lugar.
Las fichas siguen cayendo porque la vida continúa sucediendo, pero disponemos de espacio, tiempo y perspectiva para decidir cómo encajarlas.
Ahora bien, ¿qué ocurre cuando el sistema nervioso está acelerado o sobrecargado?
En mi experiencia personal, y también desde lo que he observado durante años en mi recorrido profesional, todo parece ir más rápido de lo que debería.
Me cuesta pensar con claridad.
Las respuestas inmediatas y los impulsos toman más fuerza, y disminuye el tiempo interno que necesito para observar, comprender y decidir cómo quiero responder.
El sistema nervioso no funciona de manera aislada. Forma parte de un complejo engranaje relacionado con muchos otros sistemas del organismo.
Como en el mecanismo de un reloj, cuando una parte cambia su ritmo, todo el conjunto puede verse influido.
Y mientras tanto, las fichas continúan cayendo.
Cuando ya no colocamos las fichas: intentamos sobrevivir a la partida
Cuando no existe suficiente espacio interno, dejamos de colocar las fichas con estrategia.
Comenzamos a ponerlas donde podemos.
Salvamos una fila.
Después otra.
Seguimos funcionando.
Resolvemos lo urgente.
Nos adaptamos.
Y acumulamos las experiencias según van llegando porque quizá, en ese momento, no tenemos tiempo, energía o recursos para darles otro lugar.
Hasta que llega un punto en el que ya no queda espacio para continuar jugando.
Y aparece el game over.
Podemos echar otra moneda.
Comenzar una nueva partida.
Cambiar de etapa, reorganizar nuestra vida y sentir que aquello que vivimos ya forma parte del pasado.
Pero el cuerpo también aprende de las experiencias.
Y algunas sensaciones pueden permanecer en la memoria corporal.
Cuando aparece una ficha conocida
Imagina que, en esta nueva partida, aparece una ficha parecida en forma o color a otra que ya viviste.
La situación actual no es la misma. Las personas pueden ser diferentes, el contexto ha cambiado e incluso tú has cambiado. Sin embargo, algo en esa experiencia se parece a algo anterior.
Puede ser un tono de voz, una mirada, una conversación, un silencio, una sensación de pérdida de control o una forma concreta de sentirte ante una situación.
Aunque aquella experiencia ya no forme parte de tu vida actual, el cuerpo puede reconocer elementos conocidos y activar señales parecidas a las que necesitó entonces.
La respiración cambia.
La musculatura se prepara.
Aparece tensión.
Surge el impulso de responder, huir, controlar, protegerte o cerrarte. Y todo puede suceder antes de que tengas tiempo de comprender por qué.
Quizá no estamos jugando la misma partida.
Pero el cuerpo ha reconocido una ficha parecida.
El cuerpo no responde únicamente a lo que ocurre ahora
Decir que el sistema nervioso no distingue entre un recuerdo y una amenaza real nos ayuda a comprender por qué recordar una experiencia o encontrarnos ante una situación asociada a ella puede generar respuestas físicas reales.
Sin embargo, esto necesita un matiz.
El sistema nervioso sí puede diferenciar el pasado del presente. Lo que ocurre es que un recuerdo, una sensación o una experiencia actual vinculada a algo vivido puede reactivar respuestas fisiológicas similares a las que aparecieron en la situación original.
El cuerpo no responde únicamente a los hechos.
También responde a la interpretación, a la asociación y a la memoria que una experiencia despierta.
Por eso, a veces nuestra reacción parece más intensa de lo que la situación presente requiere.
No significa que estemos exagerando.
Quizá el cuerpo no está respondiendo únicamente a esta ficha.
Puede estar recordando otras que se parecían.
Regular el sistema nervioso no significa detener la vida
Las fichas van a seguir cayendo. La vida continuará trayendo cambios, pérdidas, decisiones, encuentros, incertidumbre y nuevas experiencias.
Regular el sistema nervioso no significa conseguir que nada nos afecte ni vivir permanentemente en calma. Significa recuperar espacio interno, disponer de tiempo para observar, reconocer lo que sentimos y recuperar la posibilidad de elegir una respuesta, en lugar de actuar siempre desde la urgencia o desde una adaptación anterior.
Lo reconozco. ¿Y ahora qué hago?
Primero, no intentes retirar la ficha con rapidez.
Detente unos segundos y pregúntate:
¿Lo que estoy sintiendo pertenece completamente a lo que ocurre ahora o esta situación ha despertado algo que mi cuerpo ya conoce?
Observa qué ha cambiado en tu respiración, dónde ha aparecido la tensión y qué impulso se ha activado: responder, huir, controlar, cerrarte o resolver de inmediato.
Después, vuelve al presente. Mira a tu alrededor, siente el apoyo de los pies, alarga suavemente la exhalación y recuerda dónde estás. Observa qué está ocurriendo realmente ahora.
En ocasiones, reconocer que no estamos jugando la misma partida y que el cuerpo solo ha identificado una ficha parecida puede ser suficiente para cambiar nuestra respuesta. Ese cambio de perspectiva puede crear el espacio necesario para no reaccionar de la misma manera.
Otras veces, comprenderlo no basta.
Cuando una respuesta lleva demasiado tiempo instalada, quizá necesitemos revisar qué adaptación continúa activa y ofrecer al cuerpo nuevas experiencias que le permitan descubrir otras formas de responder.
Puedes profundizar en ello en el artículo anterior:
«Adaptación: el mecanismo que un día te salvó y hoy puede limitarte».
Porque el objetivo no es conseguir que las fichas dejen de caer.
Es recuperar el espacio, el tiempo y la capacidad necesarios para volver a colocarlas desde el presente.